domingo, 24 de enero de 2016

DIGAMOS QUE HABLAMOS DE MADRID 1

                          
                                       
                                    MADRID
                    COSTUMBRES, ANÉCDOTAS Y MISTERIOS
                                           

Tal vez una de las curiosidades más bonitas de la ciudad es el origen del nombre de Madrid, ya que va unido a la belleza y riqueza de esta tierra mucho más rica en aguas de lo que a priori pueda parecer.
A pesar de que su río Manzanares no es gran cosa, los subsuelos de la ciudad están recorridos por bastantes arroyos y afluentes que han quedado encajonados bajo el pavimento.
Paseo de la Castellana, arroyo Leganitos, Caños del Peral…
Por ese motivo cuando llegaron los árabes encontraron un lugar que era conocido como “Matrice”, nombre ya anterior a los visigodos y que significaba algo así como “madre de las aguas”.
Los árabes añaden el sufijo “t” (lugar) a la palabra “mayra” (matriz), dando lugar a la palabra Mayrit o Magerit.
                                                 LOS CHISPEROS                  
  Personajes que aparecen una y otra vez en las zarzuelas y obras costumbristas madrileñas no son más que los herreros de los barrios de Maravillas (Malasaña) y Chueca.

    
                                                        



                           LAS CORRALAS             
También llamadas “casas de corredor“, es un estilo típico de construcción puramente madrileño (asociado por otra parte al barrio de Lavapiés).
Si nos pusiéramos a buscar sus raíces tendríamos que remontarnos a las construcciones judías (gurrálát) y árabes (adarves). Buscando sus similitudes más cercanas, es evidente su gran parecido con los típicos patios de vecinos andaluces.
Este tipo de construcción se comenzó a realizar en Madrid en los siglos XVI y XVII, después que Felipe II se trajera la corte, provocando con ello una gran demanda de viviendas que obliga¬ ba a aprovechar cada metro de suelo. Pero de esa época no ha quedado nada. Las corralas que hoy se conservan datan de los siglos XVIII y XIX.
Arquitectónicamente, podríamos decir que cuentan con un corredor, de ahí su nombre de corrala, en torno a un patio central. Las viviendas se distribuyen alrededor de este patio dividiéndose en exteriores e interiores, estas ultimas llamadas ‘cuartos’.
En origen no contaban más que de un retrete por planta, situado al final del corredor. Sobra decir que las condiciones de habitabilidad eran muy precarias y que el hacinamiento de gente era una constante. El único lujo ornamental del inmueble era la fuente de fundición, cuando la había, y que abastecía de agua a los vecinos. Las primeras se levantaron en la zona de Lavapiés y Embajadores. Más tarde, a mediados del XIX se construyeron en todos los barrios populares, Maravillas (Malasaña), Tetuán, Vallecas, Carabanchel.
Por lo general se trataba de aprovechar solares con poca fachada y escasa luminosidad para dar alojamiento a trabajadores y artesanos.
Las más antiguas que nos quedan, como ya hemos dicho antes, datan de finales del XVIII y principios del XIX, siglo en que sirvieron de inspiración a los autores de la época como escenario para muchas de sus obras y siglo en que recibieron el sobrenombre de “Casas de tócame Roque”. Bastará recordar los sainetes y algunas obras de Pío Baroja o Galdós. Por cierto, la casa de “Tócame Roque” se encontraba en la esquina de las calles Barquillo y Belén.


        GATOS Y GATAS  

Los más puestos en el tema ya sabrán que a los madrileños y madrileñas se les conoce como gatos y gatas. Pues bien, el origen de este apelativo no se debe a que arañen o que sean personas esquivas, sino a una leyenda (con dos versiones como siempre) que habla de la habilidad demostrada por los madrileños a la hora de asaltar una fortaleza enemiga trepando por sus muros.
Parece ser que las huestes madrileñas se presentaron con cierto retraso a la cita con Alfonso VI que iba a asaltar un castillo o ciudad. Al llegar los madrileños, preguntaron dónde podían acampar.
El rey, ofendido por el retraso, les mostró los muros enemigos y dijo que detrás de ellos tenían reservado el lugar. Los madrileños ni cortos ni perezosos se echaron al foso y treparon por las paredes “como gatos” ante el asombro del resto de las tropas que no cesaban de gritar “ahí van los gatos” y cosas parecidas. Evidentemente tomaron la posición enemiga.

                                                      EL CHOTIS


Una prueba más de la habilidad del pueblo madrileño para asimilar culturas, usos y costumbres ajenas.
Este baile, el más popular y castizo donde los haya, llegó a la corte procedente posiblemente de Alemania o tal vez Escocia, aunque la cosa no parece muy documentada. Sin embargo se sabe que se bailó por primera vez en la capital en 1850 bajo el nombre de Polca Real. Luego, el pueblo llano se encargó de hacerle suyo y popularizarlo hasta convertirlo en uno de los símbolos del Madrid festivo.


                 






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